¿Por qué son tan importantes las convicciones? Parte 2

Sembrador

Una persona que no posee convicciones va como un navío a la deriva, porque cambia de parecer cada poco respecto a cómo conducir su vida, digamos que es llevado por las olas. En la primera parte de esta serie destaqué la importancia de tener claras las convicciones pues estas son la base de la toma de decisiones, conforme a nuestras convicciones es que decidimos.

Por mucho tiempo se ha llegado a pensar que un niño desarrolla la convicción de que el Evangelio es la verdad porque desde muy pequeño fue llevado a la iglesia y no se perdía ninguna enseñanza de la escuela dominical. Si bien, la semilla de la Palabra de Dios es dada, no siempre se desarrolla como el sembrador tiene planificado pues la semilla en si misma no fructifica, sino que necesita de tierra fértil y cuidados.

En el capítulo 13 del libro de Mateo, Jesús explicó este principio a sus discípulos, para lo cual usó la parábola del sembrador (v. 1-23). Acá se destacan cuatro tipos de lugares en donde cayó la semilla; el camino, pedregales, espinos y buena tierra.

  • El camino: El maligno le arrebata lo que fue sembrado en el corazón.
  • Pedregales: Oye la Palabra con gozo pero carece de raíces.
  • Espinos: Las preocupaciones ahogan la semilla.
  • Buena tierra: Oye y entiende la Palabra de Dios y da fruto.

Esto hace evidente que no basta con llevar a un niño a la iglesia, sino que se necesita que pueda ser guiado por alguien que le ayude a no dejar que durante el resto de la semana le sea arrebatada la verdad bíblica que aprendió, que pueda tener un estudio o reflexión bíblica acorde a su edad, enseñándole a que pueda descansar en Jesús, porque aunque se trate de un pequeño, hay cosas que pueden preocuparle, por último, que esté atento a la Palabra de Dios y desarrolle entendimiento espiritual para dar fruto.

¿Qué pasaría si se cumpliese lo anterior? La respuesta es fácil, habría un niño con convicciones firmes y por lo tanto capacitado para tomar decisiones con base a estas. Allí es donde un credo cobra vida y se distingue de un hábito aprendido. La fe no se puede heredar, se puede enseñar una rutina pero eso no quiere decir que una persona comparte la misma fe porque replica o participa en conjunto de una liturgia.

Ante esto surge una pregunta ¿cómo puedo afirmar mis convicciones? En esta ocasión ha sido todo, pero en la tercera parte de este apasionante tema abordaré la respuesta a la interrogante planteada. Hasta la próxima.

Lee también:

¿Por qué son tan importantes las convicciones? Parte 1.

¿Por qué son tan importantes las convicciones? Parte 3.

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