Tras bambalinas, la quietud del camerino se entremezcla con los susurros del público expectante a la espera que inicie el concierto. La Orquesta está en escena, el público guarda silencio. Los sonidos de vientos, cuerdas y percusión se entremezclan como un todo…
Elda Isabel González, violinista guatemalteca, soñó con dedicarse a la música en un país donde ser una artista es una odisea. Es la menor de cuatro hermanos. Desde muy pequeña mostró interés por las bellas artes.
El violín es más que su instrumento, es es el medio por el cual puede expresar sus emociones y sentimientos más profundos, traducidos a través de notas y acordes que surgen de las cuedas frotadas con pericia.
A los once años inició su formación musical. ¿Quién diría que tres lustros más tarde formaría parte de una de las agrupaciones de música clásica más importantes de la región. Se convirtió en una de las violinistas más jóvenes en formar parte de la Orquesta Sinfónica Nacional. Desde entonces, cada nota es una afirmación de su entrega y disciplina.
En la música, el silencio es tan importante como el sonido. Fuera del escenario, encuentra inspiración en los viajes y en las historias que lee.
Su trayectoria ha sido reconocida con la Orden del Quetzal, el más alto honor otorgado por el Gobierno de Guatemala, símbolo del vuelo que alcanzan los sueños cuando se cultivan con constancia.