¿Debe un cristiano someterse a un gobierno corrupto? - sakisgonzalez

La fe del creyente no es un asunto de un templo o de domingo sino de todos los días en todos los ambientes.

El gobierno debe velar por la administración de la seguridad y la justicia generando políticas que garanticen la vida y la libertad, promoviendo el florecimiento y desarrollo integral de la población, para esto requiere recursos financieros, los cuales se obtienen a través de impuestos y arbitrios.   Un gobierno corrupto es aquel hace uso del aparato estatal y sus recursos para favorecer a grupos particulares, dejando a un lado o descuidando el cumplimiento de sus fines y deberes de protección a la población.

La Biblia es clara respecto a que los cristianos debemos someternos a las autoridades de gobierno, la epístola a los romanos al inicio del capítulo 13 lo afirma:

ROMANOS 13:1
Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. (Reina Valera 1960).
Toda persona debe someterse a las autoridades de gobierno, pues toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios. (Nueva Traducción Viviente).
Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. (Nueva Biblia de las Américas).
Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. (Nueva Versión Internacional).

¿Pero qué significa someterse al gobierno y cuáles son sus implicaciones? Para encontrar una respuesta satisfactoria es necesario evitar caer en un error común y es tomar un versículo o porción bíblica aislada y decidir en torno a esto, en lugar de conectar el pasaje a su contexto, no solo de la carta, sino de toda la Biblia. 

La autoridad de Dios y la autoridad civil

Los maestros de la ley religiosa y principales sacerdotes querían arrestar a Jesús pero para ello necesitaban una prueba para presentar al gobernador romano, por lo que le tendieron una trampa, preguntándole:

– ¿Es correcto que paguemos impuestos al César o no?

Jesús conocía no solo sus intenciones sino sus corazones a lo que contestó:

– Muéstrenme una moneda romana ¿a quién pertenecen la imagen y el título grabados en la moneda? 

– Al César –Contestaron.

–Bien –dijo–, entonces den al César lo que pertenece al César y den a Dios lo que pertenece a Dios.

Su respuesta fue por demás sabia y elocuente, y dejaba en claro que existen dos tipos de autoridades, la autoridad civil, el César, y la autoridad espiritual, Dios. La epístola a los romanos fue escrita por el apóstol Pablo alrededor del año 59 después de Cristo, a los cristianos gentiles y judios asentados en la ciudad de Roma, la capital del imperio. La carta cubre varios temas, dos que sobresalen son la justicia de Dios y la corrupción del hombre.

Así como Jesús, Pablo también señala que hay dos tipos de autoridades, las de gobierno y la de Dios, solo que, en este caso, Pablo enfatiza que la autoridad divina es superior a la autoridad civil, que toda autoridad viene de Dios. El pasaje no sugiere que la autoridad civil tiene igual peso que la divina, sino al contrario, clarifica que la autoridad de Dios no solo está por encima sino alrededor de la autoridad de gobierno, es decir que la autoridad civil depende de la autoridad de Dios.

Esto cobra sentido y mayor profundidad al retroceder algunos capítulos en la carta:

  • No hay un solo justo, ni siquiera uno (3:10).
  • Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (3:23).
  • Aun cuando todos los demás sean mentirosos, Dios es veraz. (3:4).
  • Si Dios no fuera completamente justo ¿cómo tendría autoridad para juzgar al mundo? (3:6)

Antes de pensar en la corrupción en un gobierno se debe señalar que hay corrupción en el hombre, que de adentro es donde surge lo malo y lo lleva al plano en donde se desempeña, sea el gobierno, la iniciativa privada, una organización que lucha contra el hambre, los deportes, las artes, la educación o la iglesia. Por este motivo es que necesitamos el Evangelio, porque el sacrificio de Cristo no solo nos da salvación y declara justos de la condenación, sino también nos da una nueva naturaleza, la voluntad y capacidad a través del Espíritu Santo de vivir de manera justa, para Dios y para el prójimo.

La autoridad de Dios no es superior a la civil sólo en poder o alcance, también es superior en moralidad, Dios es el estándar del bien y la verdad, es Él quien define qué es lo bueno y lo malo. Ningún gobernante o creyente es el estándar, solo Dios. La autoridad civil se limita a definir políticas para un país o región, la autoridad de Dios rige las leyes de todo el universo, Él es Rey de reyes y Señor de señores (Deut 10:17, 1ª Tim 6:15, Ap 1:15 y 1714). Hay solo un rey justo e incorruptible a quien hay que rendirle devoción y es Cristo, no hay trono, palacio, periodo o dictadura que se le asome siquiera, todo gobierno está bajo su dominio.

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

Siempre en el capítulo 13 de romanos Pablo exhorta a los cristianos a someterse a las autoridades romanas al cumplir con sus obligaciones civiles que son, respetar a las autoridades, obedecer la ley y pagar los impuestos.

ROMANOS 13:6-7
Pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. (Reina Valera 1960).
Paguen sus impuestos, pues los funcionarios de gobierno necesitan cobrar su sueldo. Ellos sirven a Dios con lo que hacen. Ustedes den a cada uno lo que le deben: paguen los impuestos y demás aranceles a quien corresponda, y den respeto y honra a los que están en autoridad. (Nueva Traducción Viviente).
Ustedes pagan impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto. Paguen a todos lo que deban: al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor. (Nueva Biblia de las Américas).
Por eso mismo pagan ustedes impuestos, pues las autoridades están al servicio de Dios, dedicadas Precisamente a gobernar. Paguen a cada uno lo que le corresponda: si deben impuestos, paguen los impuestos; si deben contribuciones, paguen las contribuciones; al que deban respeto, muéstrenle respeto; al que deban honor, ríndanle honor. (Nueva Versión Internacional).

El estado ostenta la administración de la justicia, lo que en términos sencillos significa que está a cargo de evitar que una persona ejerza violencia sobre otra con el fin de promover la paz y la armonía entre los ciudadanos.

A lo que Pablo se refiere es que un creyente está obligado, como cualquier otro ciudadano, a cumplir las leyes civiles del país donde vive, y que no debe utilizar el Evangelio, su fe en Cristo o su devoción a Dios como un pretexto, justificación o excusa para ejercer violencia en contra de otra persona, evadir impuestos afirmando que ya contribuye con sus ofrendas en la iglesia o faltarle al respeto con insultos e injurias a una autoridad, sea esta, un presidente, gobernador, ministro, alcalde, diputado, juez, embajador, soldado o policía, escudándose en que sólo Jesús es su Rey. Ser cristiano no exime los derechos y obligaciones de un ciudadano.

El apóstol se refiere a que las autoridades están al servicio de Dios no porque sean creyentes sino porque en el sentido amplio, al ser Él, el Rey de reyes, todos estamos a su servicio, crean o no, hayan confesado fe o no en Jesús. Así como Dios usa la lluvia para regar los campos y el sol para hacer florecer los girasoles, Él usa a las autoridades de turno para hacer florecer a la sociedad, porque las autoridades deben coordinar el desarrollo de infraestructura que facilita la comunicación, el transporte y el desplazamiento de un lugar a otro, programas para brindar educación y salud a los más vulnerables, por dar un par de ejemplos.

Todos tenemos un llamado vocacional distinto para servir en la sociedad, poniendo nuestros dones y talentos al servicio del mandato cultural para la gloria de Dios (abordé este tema con mayor detalle en el artículo ¿para qué trabajar?), y esto no excluye a los funcionarios de gobierno. Si bien los países se han visto lastimados por la corrupción evidente de los gobiernos de turno, en medio de la opacidad de sus deficientes prácticas del manejo de los recursos del estado, hay iniciativas efectivas que cumplen en diferente medida con llevar beneficio a la población. No todo es blanco y negro, incluso en el gobierno más corrupto, hay matices y vestigios de trabajo bien hecho, pues es un error, una falacia de falsa generalización, afirmar o asumir que todos los funcionarios son corruptos.

¿Debe un cristiano someterse a un gobierno corrupto?

Sí, sometiéndose a las leyes, pagando sus impuestos y respetando a las autoridades, esto no significa que deba avalar o consentir y mucho menos ser partícipe de los actos de corrupción que puedan darse dentro de un gobierno. Someterse a la autoridad no es un veto al derecho de manifestación o protesta, o un decreto para seguir a ciegas a un gobernante. El cristiano debe pelear por las causas justas, el derecho a la vida, la libertad y velar por el cuidado de los indefensos y más vulnerables, la Biblia lo ejemplifica a través de la viuda, el huérfano y el extranjero. La fe del creyente no es un asunto de un templo o de domingo sino de todos los días en todos los ambientes, un llamado a vivir por y para la Gloria de Dios lo cual implica ser un espejo que refleje las bondades de Dios.

Pablo no le ordena a la iglesia a organizar una revolución o rebelarse en contra del gobierno de turno para colocar a un cristiano en lugar del emperador, sabiendo que su máximo líder, Jesús, fue castigado, enjuiciado y ejecutado, siendo inocente, por las autoridades del gobierno romano en conjunto con el liderazgo religioso de Jerusalén. Él no manipula a la iglesia, no programa una vendetta sino al contrario, le pide a los creyentes someterse al gobierno, pero deja muy claro qué implicaciones son las que abarcan el sometimiento a la autoridad civil.

Este mundo no funciona como debe ser, porque el pecado lo golpeó y trastornó la forma en cómo debían ser las cosas, por esto, un creyente no debe ser apático a los problemas sociales de su comunidad, ciudad o país sino involucrarse, según sus dones y talentos, en promover la justicia y la paz con todos, no sólo entre cristianos.

Crédito de imagen: José E. Valdizán @Jevaldiz

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