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Tony Stark no le pedía a JARVIS que pensara por él
7 junio, 2026 | Inteligencia Artificial

Tony Stark no le pedía a JARVIS que pensara por él

Uso la inteligencia artificial frecuentemente, me resulta muy útil en mi trabajo creativo y presentación de conceptos, pero también para investigar, escribir, comparar, ordenar ideas, encontrar posibilidades y hacer preguntas que probablemente cansarían a cualquier persona después de un rato.

Y mientras más uso la IA, más convencido estoy de algo: no necesito una inteligencia artificial que piense por mí. Necesito una que me ayude a pensar mejor. La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente mi relación con la tecnología.

Tony Stark tiene a JARVIS. JARVIS puede procesar cantidades enormes de información, realizar cálculos en segundos, analizar escenarios, detectar problemas y controlar sistemas que serían imposibles de manejar para una sola persona. Pero JARVIS no es Tony Stark. No sustituye su criterio.

Batman funciona de manera parecida. Tiene computadoras, bases de datos, sensores, vehículos y una cantidad ridícula de tecnología a su disposición. Pero la tecnología no reemplaza al detective, hace mejor al detective.

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Esa es la relación con la inteligencia artificial que me parece interesante. No quiero un oráculo que me diga qué pensar. Quiero una herramienta que me permita pensar más lejos.

Una de las grandes preguntas de nuestro tiempo es qué sucederá cuando la inteligencia artificial sea capaz de hacer cada vez más cosas que antes considerábamos exclusivamente humanas. Es una pregunta legítima pero hay otra que quizá deberíamos hacernos con la misma seriedad: ¿Qué sucederá si nosotros comenzamos a pensar cada vez menos?

Porque delegar es cómodo. Preguntamos algo a ChatGPT o a cualquier otro modelo de inteligencia artificial y segundos después tenemos una respuesta muy bien estructurada. Tiene argumentos, ejemplos y conclusiones. Suena inteligente.Y precisamente ahí está el peligro. Podemos comenzar a confundir una respuesta convincente con una respuesta verdadera.

La IA se equivoca. Pero nosotros también. Puede tener sesgos. Nosotros también. Puede llegar a conclusiones apresuradas. Nosotros llevamos siglos haciéndolo. Por ello, aprender cómo usar inteligencia artificial no debería consistir únicamente en aprender a escribir mejores prompts, crear agentes o loops. También debería implicar desarrollar pensamiento crítico para evaluar sus respuestas. La relación más saludable no consiste en decidir ¿cuál es infalible?. Ninguna lo es.

Una de las cosas que más disfruto de utilizar inteligencia artificial es discutir con ella. No para demostrarle que estoy en lo correcto. Eso sería bastante absurdo. Sino porque una buena discusión obliga a examinar y matizar una idea. ¿Por qué llegaste a esa conclusión? ¿Qué evidencia la sostiene? ¿Qué evidencia podría contradecirla? ¿Estás utilizando el mismo criterio en ambos casos? ¿Cuál sería el mejor argumento contra lo que acabas de decir? ¿Hay algo que no estoy viendo?

Pero hay una pregunta incómoda: ¿Y cuando el equivocado soy yo? Ahí la IA se vuelve realmente interesante. Porque puede funcionar como una especie de compañero de sparring de ideas. Presento una idea. La golpea. La defiendo. Encuentra otro ángulo. La reformulo. Buscamos evidencia. Quizá al final mi idea permanece. Quizá cambia o simplemente desaparece por completo. El objetivo nunca fue ganar. El objetivo era terminar pensando mejor.

La IA es complaciente.

Probablemente uno de los asistentes de inteligencia artificial más inútiles que podría tener sería uno que siempre me diera la razón. Imaginate a Tony Stark diciendo:

—JARVIS, voy a hacer algo completamente absurdo.

—Excelente decisión, señor.

—Las probabilidades de sobrevivir son mínimas.

—Su razonamiento es impecable, señor.

—Creo que voy directo contra esa pared.

—No podría estar más de acuerdo, señor.

Nadie necesita eso. Pero la inclinación de la IA es hacerte sentir el centro del mundo. Y eso, es sumamente peligroso.

Si mi argumento tiene un agujero, quiero encontrarlo. Si estoy utilizando dos criterios distintos, quiero saberlo. Si existe evidencia que contradice lo que pienso, quiero verla. Si estoy enamorado de una idea que no funciona, prefiero descubrirlo antes de convertirla en una campaña, artículo, clase o proyecto. Porque la gente merece respeto y copiar sin evaluar, corregir o analizar algo que hizo la IA, es de todo menos una actitud respetuosa.

Una IA que solamente confirma lo que pensamos puede convertirse en una máquina extraordinariamente sofisticada para fortalecer nuestros propios sesgos. Y para eso no necesitamos inteligencia artificial. Ya somos bastante buenos haciéndolo solos, pero tampoco debemos entregarle nuestro criterio.

Las herramientas de inteligencia artificial pueden procesar muchísima más información que nosotros y hacerlo más rápido. Relacionan datos que pasamos por alto. Exploran posibilidades que probablemente nunca habríamos considerado. Todo eso me parece alucinante… Pero hay algo que no debemos delegar: la responsabilidad de juzgar. Especialmente cuando hablamos de decisiones humanas, convicciones, moral, fe o aquello que determina nuestra manera de vivir.

La IA puede ayudar a encontrar argumentos, a mostrar perspectivas diferentes, a señalar inconsistencias u obligar a formular mejor una pregunta. Pero existe una diferencia enorme entre decir: “Ayúdame a pensar esto.” Y decir: “Dime qué o cómo debo pensar acerca de esto.”

La primera utiliza la tecnología, la segunda comienza a entregarle algo que nos corresponde. Quizá esa sea la parte de la metáfora de Tony que más me gusta. Iron Man tiene una armadura extraordinaria. Amplifica su fuerza, su velocidad, su visión y su capacidad de procesar información. Le permite hacer cosas que Tony Stark jamás podría hacer por sí mismo. Pero la armadura no es Iron Man. Dentro todavía tiene que haber alguien. Alguien que decide hacia dónde volar.

Creo que deberíamos pensar de manera parecida sobre cómo utilizamos la inteligencia artificial, más que una consejera, o en los casos más extremos, un oráculo, debe ser una herramienta de largo alcance para investigar, crear, aprender, analizar y explorar.

Probablemente apenas estamos descubriendo lo que podremos hacer con ella. Pero mientras sus capacidades crecen, nuestra responsabilidad y desconfianza hacia la IA también debería crecer.  Preguntar más, verificar más y pensar mejor. La propaganda de las corporaciones insistirá en que la IA es precisa en sus respuestas y su margen de error es mínimo. En muchos aspectos no podemos competir contra la inteligencia artificial, pero no significa entregarle el pensamiento. Personalmente quiero utilizarla para llegar a ideas a las que probablemente me costaría mucho más llegar solo.

Hay suficientes ejemplos de Tony Stark y Bruce Wayne usando la IA. Como herramienta, no como amiga, sesión de terapia o sostén emocional. Por ello no creo que necesitemos una IA que piense por nosotros, más bien una IA contra la cual también podamos pensar.

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